«HOMO CREDENS – Condenados a creer»

Trata sobre la humana necesidad de creer. En él demuestro que creer es una necesidad psicológica que cumple funciones de un estabilizador emocional. Y que puede resultar altamente peligroso, el creer ciegamente. Porque el ser humano es inevitablemente bifronte, es un credens-sapiens. Con una cara capaz de producir conocimientos, y con otra que razona con el Pensamiento Mágico.
Fundamento que el creer es una necesidad, apoyándome en diferentes campos de conocimiento: Sociología, Antropología, Ciencias Cognitivas, Neurociencias y Ciencias Políticas. El abordaje es obviamente interdisciplinario. Incluyo necesariamente la “necesidad de hacer creer” y el concepto de “autoengaño”.
En el texto desarrollo algunos de estos temas: ¿por qué creer?; ¿qué es creer?; ¿es posible no creer?; los “Dos Modos de Creer”; creer en uno mismo; creer en los otros; creer entre todos; creer en divinidades; creer en los líderes políticos. Estos abordajes no podrían nunca agotar el tema; es sólo uno posible.
Finalmente el tema conduce a otros relacionados que no he desarrollado suficientemente y que quedan como deuda (lo peor de la naturaleza humana, la necesidad de lo sagrado, la espiritualidad laica, el sentimiento de insignificancia, por ejemplo); a múltiples interrogantes y a las inevitables conclusiones.
Espero que quien guste de estos temas, encuentre placentera e interesante su lectura.

A modo de Prólogo

Los credens-sapiens sufrieron una evolución. De lo biológico a lo histórico-cultural. De lo biológico a lo psicológico. Animales que desarrollando su inteligencia y creatividad generaron al mismo tiempo miedos, utopías, expectativas y relaciones cada vez más complejas y sociedades cada vez más complejas. Hábiles para resolver problemas, pero quizás más hábiles para crearlos. A veces inhábiles para sobrevivir, pero más hábiles para masacrar. Tan competitivos como solidarios. Tan temerosos como temerarios. Y capaces de pasar de mirar un ave volar a trasladarse a otros planetas. Y capaces de crear ojos que escudriñan el interior del cuerpo. Amantes tanto de la paz como de la guerra. Conocedores desde hace milenios de lo que se dio en llamar “regla de oro” (“No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”), en todas sus posibles enunciaciones, pero que muy poco pudo cumplirse. Y qui-zás lo más paradójico: pueden vivir en dos mundos paralelos, uno real y el otro construido por sus miedos, espantos y expectativas. Este libro intentará comprender algo de esta última característica.

“Sé que voy a morir, pero no lo creo”. La clásica oposición conocimientos-creencias. Pero podría agregar: “Hoy soy ateo por convicción, de viejo quizás sea creyente por necesidad”.
Partamos de la existencia de las “necesidades psicológicas”. Entre ellas encontramos a las siguientes:

  1. Necesidad de existir para otros
  2. Necesidad de reconocimiento de parte de esos otros
  3. Necesidad de la existencia de niveles de justicia
  4. Necesidad de la existencia de ciertas garantías
  5. Necesidad de encontrar un sentido a la vida
  6. Necesidad de estabilidad

A estas podríamos llamarlas “necesidades psicológicas básicas”. Sólo que la última, en mi opinión, es la mas importante. Tanto es así que podríamos concluir que las otras abonan a ella: existir para otros, ser reconocidos, vivir con niveles de justicia y con ciertas garantías, encontrar un sentido a la vida, son; estabilizadores. Cabe aclarar que estabilidad no es total previsibilidad, ni rigidez ni automaticidad. Estabilidad es lo que permite que cada ser humano renueve cada día el contrato con la vida con un grado bajo de conflictividad intrapersonal e interpersonal.

Estabilidad sin la cual es imposible pensar la “Calidad de Vida” o una vida que valga la pena vivirla.
Cuando estas necesidades se cumplen, disminuyen la angustia, el resentimiento y el odio, y también la necesidad de venganza si existiesen. Funcionan como un articulador con el mundo humano, natural y material. Y aunque las creencias generen a veces odio; igualmente estabilizan en tanto direccionan esa emoción hacia un rumbo certero e incuestionable.

Esto supone, como puede entenderse, la supremacía de la emocionalidad. La sensación de estabilidad psicológica, no pertenece al campo de las cogniciones, ni al campo de las percepciones de lo físico, ni al campo de lo interpersonal ni al campo social. Es el producto de su articulación; pero expresado en el campo emocional como una sensación o auto-percepción de equilibrio, o bienestar relativo; valorada positivamente.

Es particularmente esta necesidad de estabilidad, y en general las otras; las que aparecen cubiertas por las creencias. La necesidad de estabilidad psicológica justifica la existencia de las creencias, en tanto las convierte en necesarias. De allí la “posibilidad de creer” como un “estabilizador emocional”. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que “hay una creencia para cada necesidad psicológica”. Y la intensidad o fuerza de la creencia por su parte, como la intensidad o fuerza en que se cree que esa necesidad será cubierta; también funcionan como estabilizadores.

Veamos las creencias más comunes que identificamos en nuestro entorno:

“A mí no me va a pasar”
“El que las hace, las paga”
“Todo saldrá bien”
“Nada es imposible” (o “Todo es posible”)
“El amor salvará al mundo”
“Sólo se trata de desearlo con todas las fuerzas”
“Yo tengo la razón”
“No lo hizo intencionalmente”
“Dios los castigará”
“Ellos mienten”

Cualquier semejanza con las “mentiras piadosas” o “fake news”, no son casuales.
Se entiende entonces, por qué ocuparse de la necesidad de creer. Por todas estas razones, y por muchas mas. Porque es una de las capacidades humanas más característica y sorprendente. Porque las creencias y las emociones asociadas, mueven montañas; se dice. Porque muestran una debilidad y una fortaleza a la vez. Debilidad porque los seres humanos a veces son títeres manipulados por sus creencias; y fortaleza porque las creencias funcionan dando una lucidez difícil de encontrar de otra manera; al punto de que, quien encuentra esta lucidez; no cree necesario cuestionarse ni cuestionar nada. Porque la fuerza con la que se cree, se sustenta en la emocionalidad (¿mancha en el currículum del Homo sapiens sapiens?). Porque sin creencias y sus emociones asociadas, no habría narraciones, ni música, ni artes visuales, ni conversaciones, ni nada para decir. Porque las creencias están presentes en el momento de la creación/producción y en la motivación para hacerlo. Porque las creencias sostienen y también derrumban, cuando se derrumban. Porque las creencias son renovables y reciclables. Porque Neandertales y Sapiens originarios ya las tenían. Porque algunos seres humanos dan la vida por ellas. Porque “ponerse en el lugar del otro”; es también, aunque sea por un momento; creer en qué y cómo cree el otro. Darle crédito a lo que cree, al menos; con el simple objetivo de entenderlo.

Y hay una razón, en mi opinión la mas importante para ocuparse del creer: porque quienes creen, simplemente creen. Sea en personas, en ideas, en seres sobrenaturales, en que son elegidos o predestinados (para bien o para mal), en que pueden leer el futuro, en que pueden adueñarse de la vida de los demás, en que son “los mejores” del mundo, en la predestinación, en maldiciones, en que querer es poder, en que el mundo les pertenece o que el mundo les es ajeno, por citar poquísimos ejemplos. A veces no hay conciencia de los significados implicados ni de necesidad, ni del poder de las imágenes. Sólo se cree. Porque hasta puede no haber reconocimiento de la presencia de una creencia. Porque por el sólo hecho de creer, las creencias pueden hacerse invisibles a nuestros propios ojos. Porque se puede creer que el Holocausto o cualquier exterminio masivo nunca existieron; que el cambio climático y el calentamiento global son un invento; que en política la traición no es necesaria; que el fin justifica los medios; que lo que menos importa son los daños colaterales; que todo el mundo es bueno; que al mundo nada le importa; en una visión teleológica del universo; y que un asesinato fue en realidad un accidente o un suicidio. Porque la humana “necesidad de creer”, cuenta entre sus grandes creaciones, a las religiones, a las ideologías y a los líderes incuestionables y endiosados. La misma necesidad que invalida la diferencia entre verosimilitud y verdad. Necesidad que fue intencionalmente utilizada por las históricas autoridades de las religiones y por los representantes de los sistemas políticos en todos los tiempos. Es que la “necesidad de creer” se presenta infinitamente productiva para objetivos diversos.

La pregunta por la existencia de la “necesidad de creer”, abre a muchísimos campos de conocimiento o de reflexión, que abren a su vez, otros tantos interrogantes. Y esto excede el “ver para creer” (siendo la visión el sentido más fácilmente engañable del credens), y excede también a su opuesto el “Dichosos los que no vieron y sin embargo creyeron” (Juan 20:29).

Ocuparse del creer, podría tomar la forma de esta pregunta que anticipa el recorrido del texto: ¿hay diferencias significativas entre enamorarse, la convicción religiosa, la convicción ideológica, el suicidio adolescente por amor, los actos sacrificiales, la violencia purificadora, los actos heroicos, y la adoración y mitificación de un líder político?. O dicho de otra manera: ¿No será la imaginación (y/o el imaginario social) un recurso poderoso, en términos de generadora de creencias, producciones creíbles y evaluaciones que generan y determinan conductas puntuales, tanto individuales como colectivas?.

Y en tanto las creencias siempre se presentan en red, este texto también debe entenderse como una red, aunque se lo lea linealmente. Porque el texto como la vida; es una red, un entramado. Donde lo lejano se relaciona con lo cercano, a través de conexiones invisibles para nuestra limitada comprensión; y donde no existen elementos aislados e inconexos. Sólo que las redes a veces son claras, a veces oscuras y enredadas; a veces movilizan, otras paralizan; a veces manejables, otras incontrolables; a veces placenteras, otras sufrientes; a veces acarician, a veces golpean. Y este texto como la vida, no tiene sentido alguno en sí mismo. Lo tiene cuando alguien lo reconstruye, lo significa y lo re-siente; recorriéndolo como una red.

Más que ¿creer o no creer?, prefiero: ¿en qué creer?, y ¿cómo creer?. Simplemente porque en mi opinión, la primera pregunta, fue contestada hace ya muchos siglos: no se puede no creer. Es condición de humanidad ligada a su emocionalidad y a la conciencia. No existe ser humano que no crea, aunque crea que no cree. No creer o creer que no: son dos modos de creer. Y si esto fuese objetivamente posible, seguramente se trataría de alguna enfermedad neurológica degenerativa de larga evolución y en una etapa avanzada. Y el “cómo creer”, a veces es mas importante que su contenido, porque abre puertas para comprender diferentes tipos de valoraciones y conductas humanas.

Índice del libro

Agradecimientos

Prólogo

Algunas aclaraciones previas para la comprensión de este texto

Una introducción necesaria
I. La infinita capacidad de creer
II. La tendencia a la credulidad y el gusto por creer
III. Las emociones y la irracionalidad de las razones
IV. Ateísmo no es nihilismo – La credulidad sin límites del homo festivus
V. Dirigir y controlar el creer para la victoria
VI. Crear y creer entre todos, en lo creado
VII. Creer en sí mismo

Capítulo 1. ¿Por qué creer?
I. ¿Por qué creer?.
Porque no se puede no creer
II. ¿Por qué creer?
Por la conciencia de muerte y la angustia
III. ¿Por qué creer?
Por la muerte, el tiempo y la nada
La nada. Otra obsesión humana
IV. ¿Por qué creer?
Porque hay algunos remedios contra la angustia – Lo inefable La magia – Otra opción para calmar o mitigar la angustia
La “claridad” Otro fuerte estabilizador y mitigador de la angustia

Capítulo 2. Creer en las personas
I.: El “Culto a la Personalidad”
II. Los elegidos por ser visionarios e iluminados – Las “religiones seculares” – El Nazismo
III. El enamoramiento – La Felicidad
IV. El autoengaño, para poder creer en paz

Capítulo 3. Creer en divinidades
Algunas necesarias definiciones previas
I. Una breve referencia a los conceptos de “lo sagrado” y “lo profano”
II. “La fiesta”
III. Referencias necesarias a “lo religioso”
IV.Sobre la fe

Capítulo 4. Crear y creer entre todos
El Mito
Las utopías

Capítulo 5. Des-creer y volver a creer
Dos Modos de Creer
¿Es posible pasar de un Modo de Creer a otro?
Sistema Cerrado y Sistema Abierto
¿Realistas o mágicos?
Sobre la humildad

Comentario final con interrogantes

Epílogo y conclusiones

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